04 de Enero 2008
Balanzas fiscales
Apreciado Boris:
La situación de mi comunidad de vecinos es insostenible. Ya nadie sabe arreglarlo y al final tendrá que venir un administrador de fincas y dar un puñetazo sobre la mesa. Yo no sé cuándo comenzó todo, pero me cuentan que la cosa empezó a enredarse cuando hace unos años la viuda del notario del quinto pidió que se instalara un ascensor. La señora apenas podía caminar y todo el mundo aceptó que era necesario que pudiera salir de vez en cuando a la calle. El verdulero del principal, fue el principal valedor de la derrama que fue necesaria para costear el dispendio extra. Seguramente porque la señora era una entusista de sus espinacas. Todos los demás vecinos estuvieron de acuerdo. Incluso el presidente recomendó a un amigo ascensorista.“Es caro, pero bueno“, dijo. Aún se habla de la cesta de Navidad que recibió ese año. El caso es que hace un tiempo murió la viuda y el piso fue heredado por un sobrino con cara de golfo. El verdulero se jubiló y heredó el negocio su hijo que a los 35 años había acabado la carrera de derecho. En la primera junta de la comunidad, el licenciado-verdulero dijo sentirse ofendido con el resto de vecinos porque a su entender pagaba más de lo que recibía. El no utilizaba el ascensor y en cambio su cuota era igual a la de los demás. Pedía por lo tanto que se le redujera. El presidente se negó. Alegó que si aceptaba, también debería aceptar cuando el del cuarto dijera que él no veía la televisión comunitaria. El del primero contraatacó y exigió saber qué pagaba y qué servicios recibía cada uno. Sugirió que tras establecer las balanzas, se abonara un cheque a los que pagaban de más. El del tercero, enfadado, prometió no comer nunca más acelgas si no se incluían en esas cuentas los buenos euros que los vecinos se dejaban en la tienda…Y en eso estamos. ¿Hace falta o no un buen administrador?
Se despide atentamente.
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