01 de Febrero 2008
Eructos de vaca
El verde es un color de moda en el mundo de la publicidad. A todas horas nos bombardean con anuncios en los que, asociadas a cualquier producto, aparecen las palabras “ecológico“ o “medio ambiente“. Hay quien alerta que la proliferación de estas etiquetas contribuye a confundir a los consumidores y trivializar una cuestión que debería ser importante. De todos los anuncios que nos venden ecología en 20 segundos, me quedo con el del Smart Eco. Sí, ese anuncio en que aparecen una serie de vacas pastando en un paraje idílico y uno se sorprende cuando se abre una puerta del vehículo anunciado justo detrás del rumiante que está en el primer plano. El mensaje es claro: el nuevo Smart es tan verde como una vaca. Creo que a la campaña en cuestión ya le han dado algún premio, cuando lo que deberían hacer es darle un pescozón al publicista que la perpetra. Por burro. ¿Cómo se atreve a comparar un coche con una vaca? Especialmente porque el coche en cuestión… contamina bastante menos que una vaca. A razón de una emisión de 88 gramos de CO2/km, ese coche debe correr unos 20.000 quilómetros anuales para ponerse a su altura. Las ventosidades de las vacas y principalmente sus eructos emiten a la atmósfera unos 90 kilos de gas metano al año. Teniendo en cuenta que este gas es un contaminante 20 veces más nocivo que el CO2, se puede valorar el impacto sobre el calentamiento global que tiene el apático rumiante. El equivalente a 1,8 toneladas de CO2. Algunos países como Nueva Zelanda, calculan que el 40% de sus emisiones de gases a la atmósfera proceden de la ganadería. Visto todo esto, y sin hablar del impacto de la ganadería sobre la desforestación, el agujero de la capa de ozono y la contaminación del agua, ¿de dónde habrá sacado el publicista que las vacas son un ejemplo en materia ambiental?. Tengo alguna sospecha. La culpa es de Bambi y adláteres. Los de ficción, aclaro.
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