06 de Junio 2008

Lonchafinismo

Para medir la crisis cada maestrillo tiene su librillo. El librillo de la charcutera, dice que cuando mayor es el impacto de la crisis sobre las familias, más finas son las lonchas del embutido que consume. Si el cliente pide las lonchas normales o gruesas es que su bolsillo es, cuando menos, solvente. Si el cliente pide las lonchas finas o finísimas, es que su bolsillo está vacío o a punto de vaciarse. Si encima, en lugar de jamón pide choped, es que en la cartera ya no quedan ni las telarañas. Si ya no pasa por la charcutería es que es un tipo raro, vegetariano o musulmán. Lo de las lonchas finas tiene una lógica aplastante: se trata de que con los mismos gramos de embutido salgan el doble de bocadillos.
Esta práctica de estirar de la mejor manera posible el dinero, ya ha dado nombre a un incipiente movimiento: el lonchafinismo. Igual, un día de estos, este palabro hace fortuna como le sucedió a “mileurista“ y acaba siendo utilizado por el común de los mortales para referirse a los que hacen malabarismos con la nómina.
Los lonchafinistas, hijos de nuestra sociedad en red, no se conforman con ingeniárselas individualmente para sobrevivir al desbordamiento del IPC y al ahogo del euribor, sino que se unen para capear a ambos de la mejor manera posible. Así, para poner un ejemplo, los lonchafinistas intercambian en internet consejos para ahorrar a la hora de hacer la lista de la compra o trucos para dejar de gastarse unos eurillos fabricándose ellos mismos productos como el pan, las conservas o el jabón.
Hay que remarcar que el ingenio de las personas, a la hora de estirar el euro, es realmente notable, aunque la mayoría de las propuestas que se encuentran no requieren de sesudos estudios: para conocerlas, bastaría con haber preguntado a la abuela que vivió la postguerra. Y luego dirán que el mundo avanza…

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enviado por Jordi Abayà Sin comentarios

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